Aquél sábado parecía uno de esos días normales, sin ninguna importancia como era costumbre, salí a toda prisa de clase, prácticamente sin despedirme de nadie, sólo para irme a recluir a ese émulo de Alejandría, ese ente que a la vez de cárcel, ha funcionado como mi refugio. Y ahí estabas, justo en la entrada. Me pareció inusual verte ahí, tu suéter rosado y el cabello recogido en una graciosa coleta contrastaban con el ambiente serio e imponente del lugar.
Solté un leve “Hola” cuando pasé a tu lado, restándote importancia, iba tan ensimismado en mis pensamientos hasta que me sujetaste de un brazo.
-¿No me vas a preguntar qué hago aquí?
It’s not my fucking bussiness –pensé. (Para aquellos que no manejen la lengua de Shakespeare, esto se podría traducir como: ¿Y a mí que chingados me importa?)
-Ehm, ¿Y qué haces aquí? Seguramente esperando a que tu novio salga de aquí.
-No, estoy esperando a que entre conmigo. Anda, entremos.
Sin saber muy bien lo que hacía, entré contigo, buscamos unos lugares disponibles y nos sentamos.
-Pregunté a algunos compañeros a dónde ibas después de clase…
-¿Me estás espiando o algo así?
-Tú me estabas viendo en clase, casi con la baba cayéndote de la jeta, así que estamos a mano, no creas que no me daba cuenta, de hecho me gustó…
-Hum, ya sé de qué va esto, mira, soy un asco en matemáticas, así que si buscas que te haga la tarea, será mejor que la hagas tú, al menos así conseguirás un cero sin mi ayuda.
Mientras te hablaba, tomaste aquélla carpeta vieja, casi sin ponerme atención.
-No es eso… ¿y ésta carpeta? El elástico ya no sirve, ¿la conservas por razones sentimentales?
-Me trae buenos recuerdos.
-Uno se aferra a los buenos recuerdos cuando el presente no es grato.
Huevos -pensé-, esta vieja se tragó un libro de poesía, o algo.
-¿Dónde escuchaste eso? ¿Lo leíste en una galleta de la suerte?
-Parece que piensas que no puedo crear una reflexión de manera espontánea…
-No, espera, no es eso, es solo que sólo te veo tontear y hablar de banalidades…
-¿Y eso no te agrada?
-No mucho.
-¿Te doy hueva?
-Define "hueva".
-¿No te gusto?
-¿Gustar para qué?
-Para algo más serio.
Y me susurraste:
-Para hacer algo más serio.
-Oye, espera, yo no…
-Carajo, ¿tienes novia? Ya lo sabía, debí adivinarlo por ese dibujo que traes en la carpeta, ¿lo hizo ella, ¿verdad?
-Para nada, no tengo novia… y no, antes de que te arranques con otra brillante conclusión, no, no soy gay.
-Pero… ¿por qué no tienes novia?
-No sé, debe ser que las alejo. No soy guapo, suelo ser muy directo, sarcástico… para resumir, soy un sangrón, un mamón.
-No me lo pareces.
-No me conoces.
-¿Tienes planes para hoy?
-No, nunca tengo planes, ¿y tú?
-Depende de ti, sólo quiero estar contigo.
-Ajá. -dije, no muy convencido- ¿Y tu novio? ¿El pinche fresa ese?
-Ah, ese, él no es mi novio, y no me importa. El sí es muy banal, yo quiero a alguien con el que pueda hablar y divagar de cosas realmente importantes, con quien pueda compartir puntos de vista, yo no quiero a alguien…
-… ¿con mierda en la cabeza?
-Exacto. Quiero a alguien que no sólo hable de de ropa, antros y todos esos tópicos fresas.
-Pero, ¿tú eres fresa, o no?
-Para nada, tú con esa ropa también pareces fresa.
-A mí sólo me gusta vestir algo cómodo.
-Pues a mí también. Me gusta vestirme así para que me tomes en cuenta.
-Buen intento. Para la próxima usa una minifalda pegadita y un par de zapatos de tacón.
-¿Estás parafraseando un episodio de House?
-Ehm, sí. Después iré a casa de Wilson a joderle la vida un rato.
-Ya veo por qué dices que eres sarcástico.
-Te lo dije. Anda, eres libre de irte.
-Me corres, ¿no te parezco atractiva?
-Claro que eres atractiva…
-¿No te parezco una princesa?
-Es curioso, la última vez que le dije a una chica que ella parecía una princesa me mandó a la verga.
-Será que ella no te valoró como yo.
-Escucha, mentiría si dijera que no siento algo por ti, de hecho, hasta me identifico contigo.
-¿De qué manera?
-En que yo también abrí mi corazón y ella se encargó de despedazarlo. En parte por mi culpa, por aventarme a declarármele por tenerla idealizada y descubrir que ella no era ni un poco como me la imaginé.
-Y piensas que yo te he idealizado, ¿o no?
-Pues sí, tan sólo no quiero que sufras como yo.
-Algo es claro, los dos no nos conocemos a profundidad, ¿y si tan sólo intentamos un one-night stand y después vemos qué pasa?
-Pensé que eso no se pedía de manera tan directa y menos en otro lugar que no sea un pub a la una de la mañana.
Y entonces retiraste esa dona que sujetaba tu coleta, y ese largo cabello lacio cayó sobre tus hombros. Nos levantamos y me sujetaste de un brazo. Yo te seguí, hipnotizado por esos finos hilos castaños. Cuando salíamos, dijiste:
-¿Y qué piensas?
-Felicidades, lo has logrado.
"Ese sábado acudí a la cita fijada, pensé que me quedaría afuera, conociendo mi suerte y el mal karma que a veces me cargo. En fin, ahí estuve, puntual como pocas veces, porque en esta ocasión tenía una prioridad como no la había tenido antes.
Saliste a escena, con ese candor que te caracteriza y comenzaste con lo que mejor sabes hacer, compartir tu sapiencia de una manera amena y divertida, y al final hasta jugueteaste un poco con el pastel que tenías enfrente.
Terminaste con tu deber semanal y te dispusiste a atender a tu público, yo tan sólo era uno entre más, que inclusive pensé en que no tendría oportunidad de departir unos instantes contigo. Al fin el ser paciente rinde frutos, y así platicamos un poco y me diste un buen consejo sobre un problema personal. Cuando me retiraba del lugar, te acercaste, un poco nerviosa, no tanto como yo lo estaba después de que me dijeras aquello:
"Sabes, mi piso está un poco lejos, reservé una habitación el el Sheraton que está a un palmo de aquí, ¿quieres acompañarme?"
Silencio incómodo.
"No me hagas caso, fue impertinente de mi parte pensar que tú..." Mientras decías esto, te tomé entre mis brazos, me volteaste a ver y esbozaste una sonrisa de confianza.
Saliste a escena, con ese candor que te caracteriza y comenzaste con lo que mejor sabes hacer, compartir tu sapiencia de una manera amena y divertida, y al final hasta jugueteaste un poco con el pastel que tenías enfrente.
Terminaste con tu deber semanal y te dispusiste a atender a tu público, yo tan sólo era uno entre más, que inclusive pensé en que no tendría oportunidad de departir unos instantes contigo. Al fin el ser paciente rinde frutos, y así platicamos un poco y me diste un buen consejo sobre un problema personal. Cuando me retiraba del lugar, te acercaste, un poco nerviosa, no tanto como yo lo estaba después de que me dijeras aquello:
"Sabes, mi piso está un poco lejos, reservé una habitación el el Sheraton que está a un palmo de aquí, ¿quieres acompañarme?"
Silencio incómodo.
"No me hagas caso, fue impertinente de mi parte pensar que tú..." Mientras decías esto, te tomé entre mis brazos, me volteaste a ver y esbozaste una sonrisa de confianza.
Bécquer, Fuentes, García Márquez, Huxley, Vargas Llosa, parte de una gratificante tertulia aderezada con una botella fría de Chardonnay. Después pasó lo que tenía que pasar, embriagados por un éxtasis literario y por ese líquido de la Comunidad Valenciana, nos dispusimos tal que si un tálamo del amor se tratase. Y así fue. Mientras te despojabas de esa blusa de tafeta verde, tatareábamos esta canción (no, no, espera, era ésta), mientras que en esa profunda nocturnidad que nos envuelve, juntamos nuestros labios sedientos de pasión y profundos deseos amatorios a los cuales nos entregamos llegando inumerables ocasiones al cenit de nuestras almas hasta que las energías nos lo permiten y nos rendimos ante Morfeo.
A la mañana siguiente te busco entre las sábanas, esos mudos testigos de ese encuentro casual. Aún están tibias, sin embargo, sólo encuentro una nota en esa almohada donde aún quedan algunos de tus finos cabellos castaños:

"(...) Gracias por esta dichosa noche. Un beso. Laura."
Me recuesto de nuevo en la cama, percibo ese olor tuyo, lo aspiro y lo guardo en mi memoria, para que así pueda recordar para siempre lo que sucedió aquella dichosa noche."
Pues sí, ahí estuve en el programa 200 de La Dichosa Palabra desde el Zócalo, les pongo una parte que los señores de Canal 22 ha subido al llutub.
Oh sí, no les voy a subir fotos, porque soy bien ojete, las que están arriba son de alguien muy caritativo que las subió a flickr. (si alguien reconoce las fotos como suyas, que deje un comentario para darle el crédito que se merece)
Y ya que leyeron lo que fue, o lo que pudo ser ese día, les invito a proponer un título creativo para este post, ya que el cerebro se me secó después de esto.
Coño, hay que recalcar que ella escribió mi nombre con tilde, ya que la mayoría de ignorantes con los que trato se les olvida o no saben que se escribe así.
Y si me reclaman que porqué publico esto hasta ahora, les va a pasar lo mismo que a Ángel Martín.
Advertidos están.
A la mañana siguiente te busco entre las sábanas, esos mudos testigos de ese encuentro casual. Aún están tibias, sin embargo, sólo encuentro una nota en esa almohada donde aún quedan algunos de tus finos cabellos castaños:

"(...) Gracias por esta dichosa noche. Un beso. Laura."
Me recuesto de nuevo en la cama, percibo ese olor tuyo, lo aspiro y lo guardo en mi memoria, para que así pueda recordar para siempre lo que sucedió aquella dichosa noche."
Pues sí, ahí estuve en el programa 200 de La Dichosa Palabra desde el Zócalo, les pongo una parte que los señores de Canal 22 ha subido al llutub.
Oh sí, no les voy a subir fotos, porque soy bien ojete, las que están arriba son de alguien muy caritativo que las subió a flickr. (si alguien reconoce las fotos como suyas, que deje un comentario para darle el crédito que se merece)
Y ya que leyeron lo que fue, o lo que pudo ser ese día, les invito a proponer un título creativo para este post, ya que el cerebro se me secó después de esto.
Coño, hay que recalcar que ella escribió mi nombre con tilde, ya que la mayoría de ignorantes con los que trato se les olvida o no saben que se escribe así.
Y si me reclaman que porqué publico esto hasta ahora, les va a pasar lo mismo que a Ángel Martín.
Advertidos están.

Bienvenidos a Grandes Momentos de Estupidez, el post que les trae a los estúpidos más grandes del mundo haciendo lo que mejor saben hacer... ¡estupideces!
Y comenzamos con el Balloon Boy:
Seguramente ya conocen la historia de este chamaco, lo último es que todo fue un montaje, y no es para menos, la señora participó el el reality Wife Swap ("Intercambio de Esposas" para los iletrados) y dice que ve a los muertos (algo así como Melinda Gordon pero en versión Yoko Ono, o sea japonesa culera), su esposo es un "cazador de huracanes" o alguna mamada así (por eso estaban armando el globo), así que mucha credibilidad no tienen. Nótese en el video que la mamá dijo que supuestamente buscó al mocoso por toda la casa, siendo que éste se encontraba en el ático (que no es lo mismo que un sótano, como una pendeja dijo en el radio) de su garage.
Y seguimos con la Australiana pendeja:
Esta ehm, ¿hembra? quién sabe por qué suelta la carriola, ésta se desliza por el andén (me imagino que tenía una inclinación o algo así que no se percibe a simple vista) y lo aplasta el tren, pero el mosalvete milagrosamente se salva. Ojalá le hubiera pasado algo no al chamaco, sino a la mamá, por pendeja.
A los involucrados en estas cosas los castraba. Me cae. No necesitamos que difundan su estupidez por el mundo.
Y hasta aquí los -redoble, por favor- Grandes Momentos de Estupidez.
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